Siempre he trabajado en lo que me apasiona; me formé profesionalmente para el ámbito social. En estos días Facebook me recordaba que hace 9 años defendí mi tesis de grado y echando número me di cuenta que tengo hoy 11 años concentraditos en mi área profesional. Me parece un montón, confieso. Te comparto esto porque no sé si te pasó, pero suele ser común que recién graduadas nos queramos comer al mundo. Yo quería hacer un proyecto para todo, intervenir muchas realidades sociales, participar en muchos espacios... como un hambre de hacer... hacer y hacer.
De profesión "quemada", de humanidad vulnerable
Mis trabajos me permitieron participar en diferentes espacios llenos de mucho crecimiento profesional, pero la verdad siempre vinculados a situaciones de profundas vulnerabilidades humanas, pues era allí donde resonaba estar, construir, incidir, aportar. Tuve la oportunidad de hacer investigación social en todos los puntos cardinales de Venezuela: las complejas relaciones mineras del estado Bolívar; las profundidades psicosociales de muchos sectores populares de Caracas; la realidad completamente dicotómica de la Isla de Margarita; las repercusiones políticas en la riqueza cultural de los waraos en Delta Amacuro; las más profundas violencias y múltiples formas de enajenación en la frontera con Colombia. Diversas investigaciones que me permitieron formular una variedad de proyectos de intervención social en diferentes momentos y para distintas organizaciones públicas y privadas.
En toda esa diversidad, además de las varias decenas de proyectos que evalué por un poco más de dos años para un programa de cooperación internacional que coordiné, me tocó ver continuamente pobreza económica (material y espiritual), violencias en toda su amplia dimensión, vulneración de derechos fundamentales, muchos impactos lamentables de la migración forzada en familias enteras. Este acumulado de experiencias deshumaniza a cualquiera, ha sido un proceso acelerado de profundo deterioro social en el que hoy puedo ver con claridad: me sentí hasta ese punto emocional y espiritualmente “quemada”.
Lo que escuchamos, leemos y observamos, las personas que frecuentamos, todo a lo que estamos expuestas cotidianamente nos va influyendo consciente o inconscientemente. Somos en buena medida lo que vamos consumiendo, por lo cual todas estas experiencias evidentemente me afectaron. La crisis que vivía el país tocó a mi puerta, me sentía golpeada, con una enorme necesidad de respirar otros aires, de conocer otras experiencias, de renovarme. Yo, la Vic que todo lo planifica, no tenía plan alguno. Confieso estaba perdida por puro agotamiento. Solo sabía que quería estar en otro lugar, vibrar en una frecuencia distinta.
Podemos vivir relacionándonos con realidades muy pobres sabiendo que estamos un poquito más en mejores condiciones. Pero si solo nos quedamos interactuando en ese entorno podemos emular más o menos el mismo nivel de pobreza por reproducir lo que inconscientemente vamos consumiendo. Seremos y crearemos lo que esté en nuestro radar; lo que estaba en el mío por mi inclinación profesional estaba lleno de bastante pobreza, deshumanización, situaciones en una frecuencia muy baja. Entonces, ¿hasta qué punto no terminamos también por reproducir la pobreza hasta por solidaridad... por empatía?
Crítica, cuestionamiento y evolución
Cuestionar los múltiples orígenes de la crisis y cuestionar las pobrezas, me llevó a develar las dependencias, de las cuales yo era parte. Dependencias que nos mantienen en ruedas y ruedas de más pobreza. Es un ciclo del que hay que despertar... sacudirse; en mi caso fueron los espacios de inversión quienes definitivamente me oxigenaron. Me han hecho ampliar a otras rutas, a nuevas posibilidades, me ha permitido conectar con otras experiencias, otras personas donde la atención está alineada a otra frecuencia de creación, a la vida. Entrar conscientemente a los espacios de inversión no es solo una cuestión de dinero. Entramos en esa cancha porque hay claridad de lo que deseamos materializar. Sabemos que sí podemos financiar un sinfín de realidades materiales, porque eso permite el dinero: facilita y expande quién eres y lo que quieres. Y después de esta experiencia de la que venimos, ya esas preguntas tienen sus respuestas.
Desde este lugar crezco continuamente y promuevo las inversiones como un lugar que está conectado a la vida, a múltiples alternativas. Son espacios que están conectados para crear con perspectiva, con una profunda, amplia y apasionada visión de futuro. No es justo, no está bien quedarnos en las necesidades más básicas y humanas por un entorno que puede estar en crisis muy complejas. Corresponde a una responsabilidad individual tomar las decisiones necesarias para movernos internamente y eso genere circunstancias más sanas y positivas para, desde allí, afuera, construir propositivamente en grande y en colectivo, para todas, todos y todes.
Por eso hoy desde Disruptivas Comunidad busco acompañar a mujeres y a organizaciones sociales que ya están en una frecuencia de mucha conciencia o encaminadas en su búsqueda, para seguir creciendo con visión de autonomía financiera. Trabajos como los de Saraí Aquerreta, Yurubí Castro, Alejandra Serrano, Liz Bravo, Silvia Gouverneur, Vera Lucya, Katherine Castrillo, Karla Perozo, las Hermanas Naturales, Maryluz Guillen... muchas de ellas ya socias de la #RedSororal, pero también otras tantas mujeres que se encuentran frente a valiosos negocios personales y organizaciones feministas, quienes con una mayor escala económica pudieran provocar movimientos individuales y sociales cada vez de mayor magnitud. El dinero acelera los cambios que buscamos, aumenta la escala de lo que proyectamos. Entonces, ¿por qué pensar en pequeño si podemos construir en grande con este conocimiento y poder de conciencia?
Es ese el poder de la articulación de las redes, y cuando se suma una acumulación de experiencia organizativa y además un consciente músculo financiero podremos generar cambios significativos. Ahora sí hay un plan. Uno muy claro que buscará mover muchas estructuras, porque la sororidad la volvimos nuestra estrategia financiera. Descubre más en nuestro programa de apalancamiento financiero: Red Sororal.